El 12 de Enero de 2010 Haití, isla caribeña de población mayoritariamente afro se coloca bajo el epicentro de las noticias internacionales, journales, periódicos y news dan cuenta de lo acontecido: un terremoto de gran magnitud asalta la vida cotidiana de la isla, incluyendo su capital: Puerto Príncipe:

Au lendemain du séisme de magnitude 7 sur l’échelle de Richter qui a ravagé Haïti, mardi à 16 h 53  (22 h 53 à Paris), aucun bilan officiel n’était encore disponible. Des corps sans vie ou blessés jonchaient les rues de la capitale, Port-au-Prince, en partie détruite. Le gouvernement haïtien a dit redouter un bilan humain supérieur à 100 000 morts. Selon le premier ministre Jean-Max Bellerive, le séisme pourrait avoir fait plus de 100 000 morts, sur une population de près de 10 millions d’habitants. Le ministre des affaires étrangères français, Bernard Kouchner, a néanmoins tenu à nuancer ces projections, rappelant que les premiers chiffres cités dans des catastrophes d’une telle ampleur sont généralement supérieurs au bilan définitif. (Le Monde, Mis à jour le 14.01.2010 à 07h49)

El periódico Le Monde señaló el 24 de febrero de ese año que la más importante circulación noticiosa escrita en Haití no imprimió edición:

Le nouvell site avant le séisme, nous vendions 15 000 exemplaires cinq jours par semaine, presque tous sur abonnement”, explique le directeur et propriétaire du Nouvelliste, Max Chauvet, 59 ans. “Il nous a fallu trois semaines pour sortir un numéro spécial de 12 pages. Nous avons dû passer par une imprimerie privée qui n’avait pas les équipements nécessaires et qui ne pouvait travailler que quelques heures car, la nuit, les ouvriers craignaient pour leur sécurité. Ce qui s’est passé nous a obligés à nous recentrer sur le site web. (Le monde, Mis à jour le 24.02.2010)

El New York Times reportó lo siguiente:

People were screaming… “It was general mayhem,” Ms. Minsky said… “We can hear people calling for help from every corner. The after shocks are on going and making people very nervousHaiti sits on a large fault that has caused catastrophic quakes in the past, but this one was described as among the most powerful to hit the region. With many poor residents living in tin-roof shacks that sit precariously on steep ravines and with much of the construction in Port-au-Prince and elsewhere in the country of questionable quality, the expectation was that the quake caused major damage to buildings and significant loss of life. Henry Bahn, an official of the United States Department of Agriculture who was visiting Haiti, told The Associated Press. “The sky is just gray with dust. Haiti’s many man-made woes — its dire poverty, political infighting and proclivity for insurrection — have been exacerbated repeatedly by natural disasters. At the end of 2008, four hurricanes flooded whole towns, knocked out bridges and left a destitute population in even more desperate conditions. “I was able to talk to a priest in Haiti,” the Rev. Reginald Jean-Mary said. “The only word I heard was ‘catastrophe’ and then it cut off.” Jean-Robert Lafortune, executive director of the Miami-based Haitian American Grassroots Coalition, said that Haiti had endured “a cycle of natural disasters and man-made disasters, and this is one more big catastrophe.” “We are in trauma,” he said. “We have loved ones there and many of them will be victims. We’re calling and calling, but there’s nothing on the other end.” (Ney York Times, published January 12 2010)

Con ello, lo que al converso espíritu occidental suscitó fue una especie de curiosidad y condescendencia por aquél pueblo oprimido, bárbaro (semántica grecolatina. Etimológicamente proviene de dos sonidos bar bar, pues los griegos clásicos lo interpretaron a partir de la recepción de fonemas escuchados en los hablantes más allá de la Tracia) y paupérrimo, a propósito de ello Theodor W. Adorno señaló en su escrito titulado Minima Moralia Reflexiones desde la vida dañada que “ser condescendiente y no tenerse gran estima son la misma cosa” (Adorno, 2006: 30) pues “en la adaptación a la debilidad de los oprimidos, en esta nueva debilidad, se evidencian los presupuestos de la dominación y se revela la medida de tosquedad, insensibilidad y violencia que se necesita para el ejercicio de la dominación (Adorno, 2006: 30) lo que nos evoca Adorno es la hipocresía de una sociedad moderna que enmascara sus actos violentos en actos de cortesía y condescendencia, no existe otra cosa más que la oculta idea de dominación cognitiva sobre el “otro” o el que es diferente a “nosotros”, lo mismo vale para la curiosidad internacional que se generó a partir del suceso, curiosidad que está muy bien representada en el enunciado “Henry Bahn, an official of the United States Department of Agriculture who was visiting Haiti, told The Associated Press. “The sky is just gray with dust. Haiti’s many man-made woes — its dire poverty, political infighting and proclivity for insurrection… » (Ney York Times, published January 12 2010). Por ello es necesario acercarnos a estos pueblos inconnues desde nuestra visión latinoamericana, no con la intención de brindarnos información para saciar una curiosidad extranjera, sino con la idea de comprender sus problemas que son los “nuestros” también: su lógica histórica es similar en cuanto que sus paradigmas “culturales” se circunscriben a una  lengua derivada del latín: un francés criollo, eso sin contar con una historia trágica, baste leer unas cuantas páginas de Venas abiertas de América Latina escrito por Eduardo Galeano para dilucidar las tragedias de nuestra continente. En pocas palabras aprender a dialogar con lo que nos es ajeno (como dije inconnue) porque somos latinoamericanos, hermanos de un paradigma mental y social (por ende político), hermanos hispanohablantes que ya es decir mucho.

Haití forma parte de una isla: la antigua Española (Fig. 1), fue colonia francesa hasta su independencia política oficial (negociaciones de élite) el 1 de enero de 1804, colinda al norte con el océano Atlántico, al sur y oeste con el mar Caribe y al este con la República Dominicana, esta última sólo delimitada por una franja política coercitiva  que no impidió e impide la movilización social de ambos lados, país considerado paupérrimo económicamente, casi el 80 % de su población subsiste de actividades agrícolas y pesqueras. Después de su Independencia o ingreso al sistema económico y político capitalista mundial, Haití sufrió un largo período de aislamiento quizá promovido por las potencias europeas, que no admitían la existencia de una nación gobernada por ex-esclavos lo que implicaba una amenaza para sus propios sistemas esclavistas.

En 1925, Haití tenía el 60% de sus bosques originales destruidos, hoy en día la cifra es ya del 98%, al haber sido utilizadas estas zonas para procurarse combustible de cocina, destruyendo además en este proceso multitud de suelos fértiles. Además, la erosión a causa de la deforestación ha causado inundaciones periódicas como la ocurrida el 17 de septiembre de 2004. La tormenta tropical Jeanne acabó con la vida de más de 3.000 personas. El clima de Haití es esencialmente tropical. La estación más lluviosa se extiende de abril a junio y de octubre a noviembre, y con frecuencia el país es azotado por tormentas tropicales y ciclones. Al año 2007 Haití tenía una población de 8.706.497 habitantes para 2009 era de 10.033.000 habitantes (World Population Prospects, Table A.1. Naciones Unidas, pdf)

Vueltos al asunto que nos compete, que es el de analizar la vida social (y la sociabilización) en íntima relación con el legado ancestral de la madre África, valdría  señalar lo siguiente: “Hasta mediados del siglo xviii, la Gente de Color de las Antillas francesas no era sujeta a una segregación agobiante. Si bien existía el prejuicio de color basado en el ‘estigma africano’, esto no era determinante a la hora de valorar la ‘calidad’ de una persona.” (Gómez: 2007, 5). El término “calidad” (qualité) era usado con frecuencia en las Antillas francesas, lo que probablemente se debía a un convencionalismo copiado de los Mundos Hispanos, en los cuales, para fines del siglo XVIII, significaba: “Nobleza y lustre de la sangre.” Véase el diccionario de Autoridades [1780], Real Academia Española, en línea: http://rae.es/ntlle/SrvltGUIMenuNtlle?cmd=Lema&sec=1.0.0.0.0

La situación comenzó a cambiar hacia 1760, cuando las poblaciones de color y la de la baja burguesía o Pequeños Blancos (Petit blancs) comenzaron a aumentar, lo que se debió respectivamente a las emancipaciones masivas de esclavos que siguieron a las guerras de la época (la de los Siete Años y la de Independencia de Estados Unidos) y a la atracción que ejercía al boom azucarero que se experimentaba a la sazón en Saint-Domingue. La razón para ese cambio residió en que los Pequeños Blancos a su llegada a dicha colonia francesa pasaban a convertirse en artesanos, comerciantes y pequeños Plantadores, por lo que entraban en competencia directa con los lugareños de color quienes desarrollaban esas mismas actividades. La intolerancia que empezó a sufrir la Gente de Color a partir de entonces, se manifestó principalmente en dos sentidos: por un lado, en la introducción paulatina de una legislación segregacionista que les afectaba en la vida cotidiana: como las medidas que les impedían salir por las calles en horas de la noche, usar prendas lujosas, portar armas, ser tratados de sieur, ejercer ciertos oficios, etc.; y, por el otro, en disposiciones que pretendían detener el aumento de su población: como la que pechaba desproporcionadamente la emancipación de esclavos y la que prohibía los matrimonios entre Blancos y personas de color. (Gómez: 2007, 5-6)

Desde 1745, en las islas francesas se empezó a cobrar un impuesto por esclavo manumitido, el cual para 1782 había alcanzado 6.000 libras coloniales. (Butel, 2002: 159-160). Según J. Raymond, para 1763 había más de trescientos de estos matrimonios prohibidos sólo en Saint-Domingue. El estado moderno haitiano arrastró un problema de gran duración, ese dilema al que Laënnec Hurbon señala como “vivir para sí mismo, replegarse sobre sí mismo sin complejos, es decir, retomar, reconstituir libremente sus tradiciones africanas efectuando su propia selección de los valores occidentales, o bien simplemente darle al mundo entero la prueba de que es una nación ‘civilizada’” (1993: 43)

La excolonia francesa se decantó por la última, así las élites trabajaron para crear una imagen de un Haití [siempre] en vías de formar parte del concierto de naciones occidentales ‘civilizadas’, por ejemplo Anténor Firmin en su obra De l’égalité des races humaines 1885, justificó la idea de una nación independiente de negros, porque los negros no son inferiores a los europeos, ya que aquellos “producen un conjunto de héroes (Toussaint-Louverture, Dessalines, Christophe, etc.) y de escritores ilustres (entre ellos L.-J. Janvier), que significa la aparición a toda luz (es decir frente a Occidente) de capacidades  hasta entonces ocultas y desconocidas… De ahí Firmin podía sostener que el negro empieza a parecer cada vez menos negro en Haití…” (Hurbon, 1993: 45-46)

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